domingo, 28 de noviembre de 2010

La meditación es un proceso simple 
de observar tu propia mente. 
No hay que luchar con la mente, 
tampoco se trata de controlarla. 
Sólo hay que permanecer ahí, como un testigo que no elige. 
Cualquier cosa que pase, tú simplemente tomas nota de ello 
sin prejuicios en pro o en contra. 
Tú no calificas 
diciendo: esto no debe venir a mi mente 
o éste es un pensamiento feo y 
éste es un pensamiento muy bonito y virtuoso. 
Tú no debes juzgar 
tú debes permanecer sin juzgar 
porque, cuando juzgas, pierdes la meditación. 
Te llegas a identificar. 
O te conviertes en amigo o enemigo. 
Creas relaciones. 
La meditación implica 
permanecer sin relacionarse con el proceso de tu pensamiento. 
Estás sin relación alguna, fresco, calmado, 
observando cualquier cosa que esté pasando. 
Y luego aparece el milagro: 
poco a poco uno se vuelve consciente 
de que menos y menos pensamientos están pasando. 
Entre más consciente estés, menos pensamientos pasan. 
Entre menos alerta estés, más pensamientos pasan. 
Es como si el tráfico dependiera de tu atención. 
Cuando estás perfectamente atento, 
aunque sea por un sólo momento, todos los pensamientos paran. 
Inmediatamente, hay una parada súbita 
y la vía está vacía, no hay tráfico. 
Ese momento es de meditación

No hay comentarios:

Publicar un comentario